La Universidad de Otoño reúne desde este 22 de septiembre al profesorado de Religión de Madrid en torno a una pregunta que va más allá de los límites de una asignatura: cómo educar hoy para reconocer la dignidad de cada persona y contribuir al bien común.
El comienzo de curso trae también consigo un tiempo para que los educadores vuelvan a estudiar, contrastar experiencias y hacerse preguntas sobre su propia tarea. Con esa intención comienza este 22 de septiembre una nueva edición de la Universidad de Otoño para profesores de Religión de Madrid.
El programa de este año lleva por título Dignidad humana y bien común. Contribuciones educativas de la clase de Religión y se desarrollará durante cinco jornadas —22, 23, 24, 28 y 29 de septiembre—. La propuesta aborda los fundamentos de la dignidad humana y el bien común, la aportación de la Doctrina Social de la Iglesia y su traducción al trabajo educativo.
La elección del tema conecta con una cuestión central para la escuela actual: qué significa educar a una persona y qué referencias permiten construir una convivencia en la que nadie quede reducido a sus capacidades, resultados, origen o situación social. No es una preocupación exclusiva de la enseñanza religiosa. Forma parte del debate sobre la educación integral y sobre la responsabilidad de la escuela en la construcción de una sociedad más humana.
Desde su identidad propia, la clase de Religión ofrece un espacio en el que abordar cuestiones como la dignidad, la fraternidad, la justicia, el cuidado o la paz, poniéndolas en relación con la tradición cristiana y con los interrogantes que los alumnos encuentran en su vida y en la sociedad.
Una educación que se construye también en red
La iniciativa permite observar, además, algo que el Consejo General de la Iglesia en la Educación quiere ayudar a hacer visible: la presencia educativa de la Iglesia se construye hoy desde realidades muy diferentes que pueden encontrarse y colaborar.
Es el caso de REDES, la agrupación de entidades de cooperación al desarrollo vinculadas a la Iglesia, que participa en esta edición con dos talleres sobre Educación Transformadora para la Ciudadanía Global. La propia organización sitúa esta colaboración en el camino iniciado con el Congreso La Iglesia en la Educación. Presencia y compromiso y continuado posteriormente con su participación en el CGIE.
Ese encuentro entre ámbitos distintos abre posibilidades interesantes. La experiencia acumulada por organizaciones dedicadas a la cooperación, la justicia social y el desarrollo puede llegar al profesorado y, a través de él, al aula. Al mismo tiempo, la escuela aporta un espacio privilegiado para que grandes cuestiones sociales y humanas puedan convertirse en experiencias educativas concretas.
La propuesta de la Universidad de Otoño coincide además con una reflexión reciente de León XIV sobre la educación. En su encuentro del 4 de septiembre con una delegación del Oriel College de Oxford, el Papa volvió sobre la aportación de san John Henry Newman para hablar de una formación que atienda a la persona en su totalidad y situó la dignidad humana como referencia para valorar la educación.
Desde lugares diferentes —la universidad, la escuela, las organizaciones sociales o la formación del profesorado— aparece así una misma cuestión: qué personas queremos ayudar a crecer y qué sociedad queremos contribuir a construir.
La Universidad de Otoño ofrece estos días una respuesta desde uno de los ámbitos que forman parte del CGIE: el profesorado de Religión. La pregunta, sin embargo, pertenece a todos.
